Padre de chofer autobús accidentado rompe el silencio


 Palabras del padre del joven chofer:


Mi niño era bueno y humilde, trabajador. No era drogadicto ni bebedor, como muchos han opinado. Mi niño siempre fue responsable con su trabajo. Obsesionado con los vehículos desde pequeño, esa fue su pasión desde antes de tener celular y licencia. Ya él manejaba, porque yo también soy chofer. Lo aprendió de mí.


Eso fue lo que vio en mí: trabajar y ser humilde, y con mucho amor, siempre con la gracia de Dios.

Todos mis hijos son humildes, porque no vieron otra cosa de su padre. Yo pasé de todo por mis hijos, hablé, soñé, sudé, pasé calor para que no les faltara su comida en la casa, ni el amor de padre. Me dediqué siempre a que ellos, por lo menos, fueran humildes.


Él siempre me decía que yo era el mejor padre.

Mis dos hijos mayores, varones, son camioneros. Duraron años cargando sacos de arroz en una volteo para una factoría en San Francisco, y también en camiones grandes. No solo trabajaban en esa guagua amarilla, también en otras más pequeñas. Su pasión eran esas guaguas.


Sé que él batalló por buscar la manera de tener su guagua, y cuando no tuvo más opciones, solo dijo: “Dios que reparta suerte”… y se estrelló del lado de él, porque quería salvar a todos, sin importarle lo que le pasara a él.


Todo el golpe fue de su lado, porque no quería que le pasara nada a nadie.

Yo también he sido así. No me importa lo que me pase, siempre cuido más a los demás que a mí mismo.

Él era mejor que yo, porque ni para discutir con nadie él servía.


Yo estoy orgulloso de él y de todos mis hijos.

Sé que Papá Dios lo tendrá en un lindo lugar, igual que a los demás que se fueron con él.


Gracias a todos los que, sin conocerlo, se expresaron bien de él.

Mil gracias… y mil gracias también a aquellos que, sin conocerlo, se expresaron mal.

Descansa en paz, mi niño lindo.

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